viernes, 3 de abril de 2026

Capítulo VIII: La Posesión.


 

La Posesión

 

La transformación de lo cotidiano en lo grotesco fue una enfermedad sigilosa que se instaló en nuestro departamento de la colonia Los Álamos. Mi hermana, cuya presencia siempre había sido mi refugio, comenzó a desvanecerse ante mis ojos. Su palidez ya no era humana; era el tono de la cera vieja, de algo que ha dejado de recibir luz.

El aire en su habitación cambió drásticamente. Ya no olía a hogar, sino a un moho ancestral, a una descomposición que parecía brotar de las mismas paredes. Ella pasaba horas en un aislamiento absoluto, pero el silencio era una mentira. Desde el pasillo, con el oído pegado a la madera fría de la puerta, se escuchaban susurros. No era ella hablando sola; era una letanía en un dialecto extraño que hacía que los vellos de mis brazos se erizaran. Parecía debatir con una presencia invisible que devoraba el espacio.

La noche del quiebre definitivo, el aire pesaba tanto que costaba respirar. Al encontrarla, la escena desafió mi cordura: Susy no estaba simplemente enferma, estaba siendo habitada por algo más. En el suelo, su cuerpo se arqueaba en ángulos imposibles, con la cabeza inclinada hacia un lado de una forma que los huesos no deberían permitir. Sus gritos no eran de dolor físico, eran alaridos de un alma que estaba siendo expulsada de su propio templo.

Cuando sus ojos se clavaron en los míos, el mundo se detuvo. Ya no eran los ojos de mi hermana; eran pozos de negrura absoluta, un vacío inteligente y antiguo que me observaba con un desprecio infinito. Entonces, con una fuerza inhumana que no le pertenecía, me agarró del brazo y sentí el frío de la muerte.

—"Todos morirán…"— pareció gruñir aquella presencia.

En ese instante, comprendí que un demonio no solo acechaba en las sombras del pasillo, sino que había encontrado en el cuerpo de Susy una forma de carne para manifestar su odio. La posesión no era un cuento; era el grito de mi hermana prisionera en una cárcel de carne que ya no le pertenecía.


  

 

Una historia basada en hechos reales
En memoria a Susana Olguín Flores


José Francisco Olguín Flores
JF Olguín Autor
www.jfolguinautor.com

 

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