miércoles, 4 de febrero de 2026

Reseña: Mariana Inocencia Oscura

 

 

 

Mariana: Inocencia Oscura

José Francisco Olguín Flores

JF Olguín Autor

 

Mariana: Inocencia Oscura es una novela de terror psicológico y metafísico basada en hechos reales que desciende, sin concesiones, al territorio donde el duelo, la culpa y lo sobrenatural se entrelazan hasta borrar los límites entre la mente humana y las fuerzas que habitan la oscuridad.

La historia se centra en Mariana Solís, una niña marcada por la muerte traumática de su padre, un acontecimiento que fractura no solo su infancia, sino la estructura misma de su realidad. A partir de ese momento, la culpa —por un instante fatal que precede al accidente— se convierte en una herida abierta que condiciona su percepción del mundo. La novela no presenta el duelo como un proceso lineal, sino como una corrosión progresiva que debilita la frontera entre lo psicológico y lo inexplicable.

Narrada desde múltiples capas de conciencia, la obra alterna entre una prosa profundamente introspectiva y pasajes donde la voz se vuelve casi espectral. El prólogo, escrito desde la perspectiva de Mariana después de la muerte, establece desde el inicio una atmósfera inquietante: aquí la muerte no es un final, sino un estado de permanencia, un eco que se resiste a desaparecer. Esta decisión narrativa coloca al lector en una posición incómoda y poderosa: no observa el horror desde fuera, sino desde dentro.

El traslado de Mariana y su madre a la Ciudad de México, específicamente al departamento ubicado en Asturias 253, marca el punto de inflexión de la novela. El espacio deja de ser un simple escenario para convertirse en un ente activo, cargado de memoria, violencia y presencias que preceden a los personajes. La figura de Thomas Miller —una entidad oscura ligada al lugar— funciona como catalizador del mal latente, pero nunca como un antagonista simple: es memoria histórica, fanatismo, castigo y herencia.

Uno de los aspectos más perturbadores de la novela es la figura del padrastro, Manuel, un psicólogo cuya fragilidad moral y mental lo vuelve susceptible a la posesión. A través de él, el autor explora una idea inquietante: el mal no siempre irrumpe con violencia inmediata, a veces se instala con lógica, discurso y promesas de redención. La posesión en Mariana: Inocencia Oscura no es solo demoníaca; es también psicológica, ideológica y emocional.

La prosa de JF Olguín es oscura, densa, descritiva, a veces pausada, lirica, sensorial y cuidadosamente atmosférica. Abunda en imágenes táctiles, térmicas y olfativas que refuerzan la sensación de encierro y deterioro. No hay concesiones al terror fácil: el miedo surge de la espera, del silencio, de lo que se intuye antes de manifestarse. El ritmo es deliberado, casi ritual, y exige del lector una participación activa y emocional.

Más allá del horror, la novela plantea preguntas incómodas sobre la infancia vulnerada, la fe quebrada, la culpa heredada y la responsabilidad adulta frente al sufrimiento infantil. Mariana: Inocencia Oscura no busca explicar lo sobrenatural, sino mostrar cómo ciertas grietas emocionales pueden convertirse en puertas.

El resultado es una obra perturbadora, íntima y profundamente humana, donde la inocencia no se pierde: se corrompe, se instrumentaliza y se transforma en el núcleo de una oscuridad que no proviene solo del más allá, sino de los errores, silencios y obsesiones de los vivos.

Mariana: Inocencia Oscura no es solo una historia de fantasmas. Es un descenso a la memoria, al trauma y a las consecuencias de mirar demasiado tiempo hacia el abismo.

 

JF Olguín, no escribo para entretener, escribo para exorcizar.

 

 

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