viernes, 10 de abril de 2026

Capítulo IX: Manifestación de Poder

 

 


 

 Manifestación de Poder

 

Lo que empezó con el sutil roce de un bolígrafo cayendo al suelo o el clic de una puerta entornándose, pronto escaló a una coreografía del terror que desafiaba toda lógica física. En aquel departamento, los objetos no solo se movían; parecían haber cobrado una voluntad perversa. Pero nada nos preparó para aquel día especial, cuando la familia se reunía para comer y mis dos abuelas estaban presentes.

El aire, ya de por sí cargado, se espesó de golpe. Sin que nadie lo tocara, la puerta del baño se azotó con una violencia inhumana, cerrándose por dentro como si un inquilino invisible buscara privacidad para su maldad. De inmediato, el caos eléctrico se desató: el disco del teléfono antiguo empezó a girar frenéticamente, marcando números al vacío, mientras el radio estallaba en una cacofonía de estática y voces fragmentadas, saltando de una estación a otra como si unas manos invisibles buscaran desesperadamente una frecuencia desde el más allá.

Mis abuelas, dos pilares de fe y carácter, se plantaron como escudos humanos frente a nosotros. Mi abuela materna, con una autoridad que parecía vibrar en las paredes, gritó al vacío: "¡Largo de aquí, esta no es su casa!". Al mismo tiempo, mi abuela paterna, con el rosario ya enredado en sus dedos temblorosos pero firmes, inició un rezo que competía con el estruendo de los objetos azotándose dentro del baño.

Entonces, el aire se heló con un alarido múltiple. No era una sola voz, era un coro de sombras que se repetía en un eco deforme: "Son nuestros... son nuestros...". Las voces parecían brotar de las grietas, de todos lados, incluso de nuestra propia sangre.

Cuando mi madre salió de la cocina y se unió a ellas en ese frente de resistencia, el estrépito cesó de golpe. El silencio que siguió fue más aterrador que el ruido; un vacío denso donde las advertencias de mis abuelas resonaban con una verdad nueva y amarga: "El diablo vive aquí". Nos sentamos a la mesa, pero el hambre se había podrido. Aquella tarde no solo se movieron los muebles; nuestra fe estuvo a prueba.

 

 

Una historia basada en hechos reales
En memoria a Susana Olguín Flores


José Francisco Olguín Flores
JF Olguín Autor
www.jfolguinautor.com

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Capítulo X: Un Ataque Demoníaco.

        Un Ataque Demoníaco.   Llegar al departamento antes de la medianoche no garantizaba seguridad; a esa hora, el ambiente ya se sentía ...