Sombra Cuántica Conexión al Infierno
Prólogo
El terror no está en el fracaso; está en el olvido. Es la podredumbre del nombre, el cáncer blanco que deshace el monumento al ego.
No recuerdo el momento exacto en que mis obras se convirtieron en polvo. Solo recuerdo el silencio después del aplauso, un vacío más profundo que cualquier tumba. Quise ser un dios, el creador de la memoria eterna, pero fui condenado a la cal viva del olvido. Fui un titán forzado a ser arena, un grito de mármol que se deshace en la marea de la irrelevancia.
Nadie me explicó el precio de la inmortalidad. Nadie me dijo que a veces, cuando buscas la cumbre, te quedas atrapado en el espectro mudo del eco hueco de tu nombre. Yo me quedé ahí. En ese instante de frustración perpetua que nunca termina.
Dicen que la vanidad es un pecado. Mentira. Yo llevo siglos sin poder purificar esta hiel que me devora, esta envidia corrosiva. Siglos viendo mi genio eclipsado, mi legado devorado por la nieve de la indiferencia. Y mientras los mediocres celebran, yo sigo aquí... despierto. Despierto en la oscuridad de lo que debí ser. Mi propia tumba es el pedestal que nunca se levantó, y mi tormento es la conciencia de mi genio perdido.
No sabes cuánto duele la injusticia de la grandeza ignorada. No sabes lo que es extender la mano a la posteridad y sentir el tiempo, una navaja helada, devolviéndote solo el aire. Intentar ser la voz de una era y que el mundo te escupa a un rincón del que nunca exististe.
Yo debería haber sido inmortal. Pero no pude. Y el mundo siguió sin mí, como si mi arte hubiera sido una simple nota al pie, una cicatriz que nadie mira.
Hasta que escuché el susurro. El eco de mi propia frustración, Apollyon.
Lo seguí porque ya no sabía cómo creer en mí. Porque su promesa de ser registrado me jalaba, y mi rencor ancestral me empujaba hacia él.
Solo quería sentir otra vez. Ser visto. Existir más allá de mi carne. Pero el pacto... El pacto tiene su propio lenguaje. Y mi alma herida solo sabe hablar con vanidad desmedida. Con ira que no caduca. Con la necesidad de una gloria que me vindique y los reduzca a todos a ceniza.
Todo lo que soy ahora es este origen corrupto. Esta grieta en la posteridad. Este ser condenado por la ambición en un instante que no termina.
Y si tengo que arrancarles la memoria a otros para alimentar mi legado eterno...
Entonces que se arranque.
Yo fui creado por el olvido. Mi condena es ser la eterna sombra de la grandeza.
Aurelio Ordaz (desconocido)

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